📖 Brunet, Pizzi y Moral · 2016 · Cap. 6
El Modelo Angloamericano
de Relaciones Laborales
Esta página acompaña la lectura del capítulo 6. Encontrarán citas del texto, notas que explican su contexto y significado, preguntas para pensar, datos y los videos que se discutirán en clase.
Referencia APA 7:
Brunet, I., Pizzi, A., y Moral, D. (2016). Sistemas laborales comparados: Las transformaciones de las relaciones de empleo en la era neoliberal. Anthropos Editorial / Universidad Nacional del Litoral.
La crisis de 1973
«A partir de 1973» [inicio de la era de estanflación y crisis del modelo keynesiano en los países angloamericanos]
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 253).
Los tres sectores de la economía en EE.UU.
«El sector servicios incluye los servicios científicos, profesionales y técnicos, salud, educación, finanzas, artes y entretenimientos, transporte y almacenamiento. Las manufacturas, por su parte, incluyen la producción textil y vestimentas, metal, plásticos, madera y papel, generación y distribución de electricidad, componentes eléctricos, hardwares, muebles, alimentación y bebidas.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 261). Citan a Eurofound (2014b).
Para pensar
Esta clasificación en tres sectores es una herramienta analítica, no una descripción neutral. Fíjense cómo la mayor parte del PIB y del empleo en EE.UU. está en los servicios — pero eso no significa que la manufactura o la agricultura sean insignificantes. Como veremos, incluso ese 1 % de agricultura tiene un peso geopolítico enorme, especialmente en su relación con México.
Ese 1 % de agricultura que no es tan pequeño
Contexto clave
Que la agricultura represente solo el 1 % del PIB de EE.UU. puede parecer irrelevante — pero en términos absolutos, eso equivale a cientos de miles de millones de dólares. Y hay algo más: EE.UU. subsidia masivamente a su sector agrícola, incluso durante la pandemia de Covid-19. Eso es una contradicción importante: el país que más predica el libre mercado protege a su campo con dinero público. Ello muestra que el capitalismo angloamericano no es un sistema de «mercado puro»; combina lógicas de mercado con formas de planificación y apoyo estatal según qué sectores le interesan sostener. El maíz que México le compra a EE.UU. — como vemos en la noticia de ayer — es un caso concreto de este fenómeno.
¿En qué medida el modelo angloamericano, que se presenta como de «libre mercado», depende en realidad de subsidios estatales a sectores estratégicos como la agricultura? ¿Cómo encaja eso con la exportación masiva de maíz a México?
Grandes empresas globales vs. PyMES
«Las empresas globales están entre las más grandes, competitivas y rentables del mundo. Estas empresas aportan el 23 % del PIB del país y el 33 % de los puestos de trabajo. Indirectamente, explican el 31 % del PIB y el 41 % de las ganancias de productividad. Contribuyen con 70 % de las exportaciones totales. El sector pymes es mayoritario, produce más del 50 % del PIB y crea el 67 % de todos los puestos de trabajo, y es responsable de más del 51 % de las ganancias de productividad. Contribuyen con el 30 % de las exportaciones.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 261). Citan a Eurofound (2014b).
Dato y contexto
Estos números corresponden aproximadamente al año 2014, que es la fuente más reciente que usa el libro. Vale la pena preguntarse: ¿cómo han evolucionado desde entonces? Las grandes plataformas digitales (Amazon, Alphabet, Meta) no existían o eran mucho más pequeñas en 2014. Hoy probablemente concentran aún más la productividad y las exportaciones. Si las grandes empresas ya dominaban el 70 % de las exportaciones, ¿cuál es ese porcentaje hoy con el auge tecnológico?
🏢 Grandes empresas globales
- 23 % del PIB directo
- 31 % del PIB indirecto
- 33 % de los puestos de trabajo
- 41 % de ganancias de productividad
- 70 % de las exportaciones
🏪 PyMES
- >50 % del PIB
- 67 % de todos los puestos de trabajo
- 51 % de ganancias de productividad
- 30 % de las exportaciones
Si las PyMES generan el 67 % de los empleos pero solo el 30 % de las exportaciones, ¿qué tan representativas son las condiciones laborales de las grandes empresas globales para el trabajador promedio en EE.UU.?
La fuerza de trabajo en EE.UU.
«La fuerza de trabajo está compuesta por 154,4 millones de trabajadores. Los hombres son el 53 % y las mujeres el 47 %. De ellos, el 81 % son empleados a tiempo completo. El 19 % son trabajadores a tiempo parcial. El 39 % está contratado en puestos profesionales o ejecutivos, mientras que el 23 % están en puestos comerciales y administrativos. El 18 % en ocupaciones de servicios, incluyendo cuidados de salud, y el 12 % en puestos de producción y transporte. Por último, el 9 % en actividades primarias, ocupaciones de mantenimiento y construcción.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 261). Citan a Eurofound (2014b).
Lo que las estadísticas no miden
Cuando leemos que hay 154.4 millones de trabajadores en EE.UU., vale la pena preguntar: ¿a quién no está contando esa cifra? El trabajo migrante — especialmente el indocumentado — tiende a concentrarse en los sectores más duros y peor remunerados: agricultura, construcción, servicios de limpieza, industria cárnica. Pero al estar en la economía informal o en la «sombra», muchas veces no aparece en los registros oficiales. Esto no es un accidente: es una característica estructural del modelo. La invisibilización estadística de ciertos trabajadores también es una forma de invisibilización política y jurídica.
¿Cuál es la diferencia entre «shadow economy» e «informal economy»? ¿Qué otras categorías se usan para hablar de lo que sistemáticamente no se ve, que se mantiene oculto, que no aparece en el PIB?
154.4M
Trabajadores totales
39%
Puestos prof./ejecutivos
Brecha salarial de género
«Comparados con países europeos, en EE.UU. las mujeres trabajan en puestos de alta jerarquía en una proporción mayor. Un 52 % de los puestos manageriales y profesionales son ocupados por mujeres. Las brechas de género se han reducido, aunque todavía se mantienen diferencias en los ingresos promedios. Un trabajador masculino a tiempo completo gana, en promedio, 43.200 dólares, frente a los 35.560 dólares anuales que gana una trabajadora mujer en las mismas condiciones. En términos de disparidad de ingresos, la desigualdad salarial ha aumentado en las últimas décadas. En 1970 estaba por debajo de 0,40, hasta subir a un 0,477 en 2014.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 261). Citan a Brenner (2007).
Dos datos, dos lecturas
El texto menciona dos cosas distintas que vale la pena no confundir. Por un lado, la brecha de género: las mujeres ganan menos que los hombres en las mismas condiciones de trabajo (eso es discriminación salarial directa). Por otro lado, el índice de Gini que sube de 0.40 a 0.477 mide la desigualdad general del ingreso — no solo entre hombres y mujeres, sino entre todos los trabajadores. Ambas desigualdades coexisten y se refuerzan: las mujeres están sobrerrepresentadas en los empleos peor pagados, por lo que la desigualdad de género amplifica la desigualdad general.
$43,200
Salario medio hombres (USD)
$35,560
Salario medio mujeres (USD)
52%
Mujeres en puestos gerenciales
0.477
Gini salarial 2014 (era 0.40 en 1970)
Fuente: Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 261); Brenner (2007).
«Históricamente, los ingresos personales subían un 10 % al año, pero desde la crisis de 2009, los ingresos han subido un 3,6 %.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 262).
Lo que ese 3.6 % significa
Un crecimiento del 3.6 % anual en los ingresos suena razonable en abstracto — pero hay que ponerlo en contexto. Si antes crecían al 10 % y ahora crecen al 3.6 %, eso quiere decir que los trabajadores están perdiendo terreno relativo frente al capital. La inflación y el costo de la vivienda siguieron subiendo a ritmos más altos en muchos periodos. El resultado práctico: el poder adquisitivo de los salarios se estanca o retrocede, aunque los números nominales suban.
Sindicatos, AFL-CIO y la homogeneización salarial
«Sin embargo, las confederaciones sindicales, especialmente AFL-CIO, están desarrollando criterios estandarizados para negociar convenios y acuerdos salariales, que utilizan los sindicatos en sus negociaciones con las empresas y ello favorece cierta homogeneidad.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 262).
El sindicalismo que el libro no alcanzó a ver
El texto de Brunet, Pizzi y Moral describe un sindicalismo en franco declive. Pero desde 2021 ha surgido algo nuevo: trabajadores de Amazon, Starbucks, supermercados y museos se han sindicalizado en EE.UU. con una lógica distinta a la del siglo XX — más horizontal, sin afiliación a las grandes centrales históricas, usando redes sociales como herramienta organizativa. ¿Es un cambio de tendencia estructural o una anomalía? Los videos de esta sección nos permiten evaluarlo con material de primera mano.
«Durante la década de 1980 y 1990 ha constituido parte importante de la ofensiva patronal. Ello coincide con el declive de la afiliación sindical, que cayó del 22 % en 1980 al 12 % en 2006.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 272). Citan a Katz et al. (2007).
Huelgas y lock-outs: tendencia a la baja
«La realización de lock-outs por parte de las empresas. Sin embargo, en los últimos 10 años, el número de huelgas y lock-outs disminuyó sistemáticamente.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 265).
Si las huelgas y los lock-outs disminuyen sistemáticamente, ¿significa que hay menos conflicto laboral o que el conflicto se ha desplazado a otros espacios (tribunales, redes sociales, política electoral)?
Subcontratación y precariedad laboral
«En este marco existen problemas legales con los trabajadores subcontratados y/o autónomos, lo que puede suponer, en muchos casos, un aumento de la precariedad laboral porque quedan fuera de las protecciones legales. La utilización de este tipo de trabajadores, en gran medida a tiempo parcial o de forma temporal, es muy habitual por parte de las empresas, y que refleja una estrategia actual de las direcciones de recursos humanos para abaratar costes laborales.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 264).
¿Cómo se relaciona la figura del trabajador subcontratado o «autónomo» en EE.UU. con el auge de plataformas como Uber, DoorDash o Amazon Flex? ¿Es eso nuevo o es la extensión de una lógica ya descrita por el capítulo?
📁 Caso «Henry» (R.U. · Google Drive)
Estructura actual de las relaciones laborales en el Reino Unido · Material en:
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Irlanda: austeridad, salarios congelados y la fuerza-de-ley
«Los acuerdos nacionales sobre temas salariales colapsaron en 2010, tras las exigencias de austeridad impuestas como condición del rescate financiero de la UE y el FMI.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 269).
La austeridad como política permanente
El colapso de los acuerdos salariales en Irlanda no fue un accidente — fue la condición que impuso el rescate financiero de 2010. Este patrón es reconocible: cuando hay crisis, los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, BCE) intervienen con «ajustes estructurales» que siempre implican lo mismo — reducción del gasto público, congelamiento o recorte de salarios, y flexibilización del mercado laboral. Irlanda es un caso europeo de algo que América Latina conoce desde los años 80. La austeridad no es una medida de emergencia: se convierte en el estado normal de las relaciones laborales.
«Con relación a las modalidades de pago: la mayoría del sector empresarial privado irlandés respondió a la crisis de 2008 congelando el salario básico a los niveles previos a la crisis, al tiempo que recortaron horas extras como forma de ahorro de costes. Desde 2011 los sectores que negociaron algunas actualizaciones salariales fueron fundamentalmente aquellos vinculados a la exportación, como las farmacéuticas, alimentación, aparatos médicos, etc. Por el contrario, en el sector público los salarios fueron recortados entre un 5 y un 15 % en 2009.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 270). Citan a Eurofound (2014d).
Congelar un salario es bajarlo
Hay una trampa en el lenguaje de la política económica: cuando se dice que los salarios se «congelan», parece que no cambian. Pero si los precios siguen subiendo y el salario no, el trabajador puede comprar menos con el mismo dinero — es una reducción real aunque no nominal. En México hemos vivido variantes de esto: uno de los mecanismos más conocidos fue el reemplazo del Salario Mínimo por las Unidades de Medida y Actualización (UMAs) en 2017, lo que desvinculó muchas prestaciones del salario y las congeló efectivamente. La lección es que hay que leer siempre los salarios en términos reales, no nominales.
«Desde el sector privado provienen fuertes presiones para cambiar el sistema, desde uno basado en ingresos garantizados hacia otro esquema basado en las contribuciones individuales de los trabajadores.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 270).
«Por último, los temas de la capacitación y la formación continua se diluyeron como tópicos de la negociación de empresa. Los mismos tuvieron su protagonismo en la etapa previa a la crisis, en el marco de acuerdos sectoriales de alcance nacional. Tras la crisis el tema dejó de estar presente en las negociaciones, al igual que los temas de igualdad de género.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 270).
«Fuerza de ley»: una distinción importante
Cuando el texto dice que los convenios colectivos en el Reino Unido no tienen «fuerza de ley», está diciendo algo preciso: no son exigibles ante los tribunales. Un sindicato y una empresa pueden firmar un convenio, pero si la empresa lo viola, el trabajador no puede ir a juicio y reclamar su cumplimiento — solo puede negociar de nuevo o hacer huelga. Esto contrasta con EE.UU. o Canadá, donde los convenios sí son contratos legalmente vinculantes. El filósofo Giorgio Agamben usa la expresión «fuerza-de-ley» en otro contexto (el estado de excepción), pero la idea subyacente es la misma: no basta con que algo esté escrito — importa qué mecanismo lo hace cumplir.
El capítulo menciona que tras la crisis la formación continua y la igualdad de género desaparecen de las negociaciones. ¿Qué dice eso sobre cuáles son las prioridades «prescindibles» cuando la austeridad aprieta?
Trabajo infantil: lo que no aparece en los medios
«En cuanto a la regulación del trabajo infantil. Aquí los niños menores de 16 años no pueden ser empleados a tiempo completo. Los niños menores de 14 años no pueden ser empleados en ninguna condición, al tiempo que los niños entre 14 y 15 años pueden ser empleados bajo las siguientes condiciones: 1) trabajos diurnos durante las vacaciones; 2) trabajos que sean parte de programas educativos o para lograr alguna experiencia laboral, y que no comporten ningún riesgo sanitario; 3) en industrias culturales, como films, publicidades, etc.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, pp. 271-272).
Un tema que casi no aparece en los medios
La regulación del trabajo infantil que describe el capítulo es la norma oficial — pero hay una brecha creciente entre esa norma y la realidad. En los últimos años, reportajes y datos gubernamentales han documentado un aumento del trabajo infantil en EE.UU., concentrado en la industria cárnica, la agricultura y la construcción, muchas veces vinculado a niños migrantes no acompañados que llegaron como solicitantes de asilo. No es un fenómeno marginal ni nuevo: forma parte de la misma lógica de abaratamiento de costos laborales que el capítulo describe para los adultos — subcontratación, informalidad, zonas grises del derecho.
El capítulo describe las excepciones legales al trabajo infantil. ¿Cómo se relaciona la regulación formal con la tendencia real a la normalización del trabajo infantil que reportan algunos investigadores?
El contrato social y la ofensiva patronal
«[contrato social]»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 272).
¿Qué es el «contrato social» en este contexto?
El concepto de contrato social viene de la filosofía política (Rousseau, Hobbes, Locke), pero en sociología del trabajo se usa de una manera más concreta. El «contrato social» de posguerra refiere al acuerdo tácito — nunca firmado, pero sí operativo — entre el capital, el trabajo y el Estado en las décadas de 1945-1975: los trabajadores aceptan el sistema capitalista a cambio de salarios crecientes, seguridad social, pensiones y reconocimiento sindical. Los autores llaman «contrato social» a ese equilibrio que se construyó sobre el conflicto de clases, no a pesar de él: fue una forma de gestionar ese conflicto sin resolverlo. El neoliberalismo rompió ese pacto desde los años 80.
«No obstante, esta legislación aborda la regulación laboral siempre desde un punto de vista de los derechos individuales de los trabajadores, dejando al margen los derechos de las organizaciones (que constituyen la fuente del eventual poder estructural de los trabajadores).»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 273).
«No existe tal cosa como la sociedad» — Thatcher (1987)
En una entrevista de 1987, la primera ministra británica Margaret Thatcher pronunció una de las frases más citadas del neoliberalismo: «There is no such thing as society. There are individual men and women, and there are families.» La frase tiene consecuencias directas en la lógica laboral que describe el capítulo: si no hay sociedad, no hay sujeto colectivo que pueda tener derechos. Los derechos son siempre individuales — del trabajador frente a su empleador, nunca del sindicato frente a la empresa. Eso es exactamente lo que el capítulo señala: la legislación angloamericana protege derechos individuales y deja al margen los derechos de las organizaciones, que son la fuente del poder estructural de los trabajadores.
¿Por qué proteger los derechos individuales de los trabajadores sin proteger los derechos colectivos de sus organizaciones equivale a debilitar el poder estructural de los trabajadores?
La individualización como vector del neoliberalismo
«Sin embargo, el modelo norteamericano difiere, en parte, en que su sistema favorece más sistemáticamente a los empresarios que en los otros países. En el área de los derechos laborales los empresarios tienen derecho a contratar trabajadores para reemplazar a quienes hacen huelgas, lo que debilita la capacidad de negociación de los sindicatos. También se observa el recurso continuo a la contratación de trabajadores «a voluntad», lo que facilita el despido y la flexibilidad de las condiciones de trabajo.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 276).
«[…] de esta manera profundizar la individualización de las relaciones laborales norteamericanas.»
Brunet, Pizzi y Moral (2016, p. 276).
Individualización: el vector más silencioso del neoliberalismo
La individualización de las relaciones laborales no es solo un cambio jurídico — es un cambio en el balance de poder. Cuando un trabajador negocia individualmente con una empresa, lo hace desde una posición de asimetría radical: la empresa tiene información, abogados, tiempo y alternativas; el trabajador, en la mayoría de los casos, no. La organización colectiva — el sindicato — existe precisamente para corregir esa asimetría. Por eso, debilitar los sindicatos y promover los contratos individuales no es neutro: sistemáticamente favorece a los empleadores. El modelo norteamericano, con sus contratos «a voluntad» y el derecho a contratar rompehuelgas, lleva esta lógica más lejos que ningún otro país analizado en el capítulo.
¿Cuál es la conexión entre la individualización de las relaciones laborales y el debilitamiento del poder colectivo de los trabajadores? ¿Es posible defender derechos laborales individualmente?